- Estoy hueco.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno, estoy lleno de vísceras, pero metafóricamente estoy vacío.
- Suena a tópico.
- Sí, suena, o mejor dicho resuena, resuena en mi oquedad. Hueco porque por regalo o por desvalijamiento he perdido tanto lo bueno como lo malo que había en mí. Ya no puedo dar nada ni quiero asimilar más. He dejado de soñar. Estoy acabado, acabado y vacío.
- ¡Pero qué pesimista eres hombre! Nadie está vacío, ni metafórica ni literalmente. Todos tenemos algo que aportar y mundos nuevos que experimentar. En cada día hay un universo inmenso que espera interactuar contigo. Cuida tu actitud, está bastante deteriorada y apartada de la realidad. Mi consejo ahora es que te apartes de esas arenas movedizas en las que te has metido, es muy fácil hundirse en uno mismo.
- No lo entiendes, no puedo ser feliz, ya no.
- ¿Por qué? Siempre hay esperanza, siempre hay felicidad. Deja de compadecerte de ti mismo. No importa lo que te haya pasado, no importa por lo que estés pasando. Mírame, estamos aquí, vivos. Llenos de emociones y repletos de historias por vivir. Lo único que hace falta es voluntad, fuerza de voluntad.
- Mientes. La felicidad depende de muchos factores, y la mayoría afectivos. Además, no hay nada más subjetivo que la felicidad. Me duele su ausencia, para mí ha muerto, nada ni nadie la resucitará.
- ¿Por qué eres tan complicado? Admite que esos pensamientos corresponden a tu tristeza, no a lo que eres y has sido.
- Ya no soy lo que era, ahora soy tristeza. Me lo dicen a menudo. No con palabras, sino con miradas, a veces reflejadas.
- No entiendo cómo alguien puede ser su propia tristeza. Hazme caso, saldrás del bache.
- Ya no. No es un bache, es un abismo. Vivir en un mundo superficial y absurdo, sin sentido como la vida misma. A nadie le importa nadie, todos los actos son egoístas, no puedo vivir con esa realidad. Quiero querer, quiero ser querido. Por eso quiero dejar de querer, la realidad me supera y destripa mis ilusiones y sueños. Por eso hoy estoy vacío.
|