|
Las
escuelas de la sospecha.
El periodo helenístico se
caracteriza por la extensión
del mundo y la cultura griegas
debido a las conquistas de
Alejandro Magno. Este importante
cambio influyó decisivamente
en la forma de pensar y de
afrontar las cosas de los
griegos. Lo que antes estaba
centrado en la polis y sobre
todo en Atenas, ahora se repartía
por extensos lugares, y los
ciudadanos empezaban a considerarse
cosmopolitas y no solo politas.
Los centros de influencia
seguían siendo las ciudades,
pero Atenas tenía que compartir
su importancia con Alejandría,
Antioquia, Pérgamo o Esmirna,
ciudades que se esforzaban
en atraer a todo el mundo
cultural.
Los
filósofos de esta época de
desentienden de la política
y de sus deberes ciudadanos
que ya no entienden ni comparten
y se esfuerzan en buscar soluciones
individuales para conseguir
la felicidad al margen de
la colectividad. Por esto,
a las escuelas que surgen
en este periodo se las ha
llamado, a veces, escuelas
de felicidad, porque lo que
buscan es precisamente conseguir
la felicidad y compartirla
con todos aquellos que se
acerquen por sus escuelas.
Las
primeras, cronológicamente
hablando, son las que se han
denominado injustamente socráticos
menores, porque sus fundadores
fueron discípulos de Sócrates,
y porque de la diferente interpretación
de sus palabras surgen las
diferentes escuelas o movimientos
de este período. Sin embargo
se sabe poco de ellas, ya
que se apartan del lado oficial
establecido, y eran consideradas
y aún hoy lo siguen siendo,
como transgresoras.
La
escuela cínica fundada por
Antístenes y Diógenes, quien
toma la provocación y el atrevimiento
por algo habitual, para conseguir
la ataraxía mediante el ejercicio
y la ascesis.
La escuela cirenaica, de Arístipo
de Cirene, basada en las sensaciones,
sobre todo en el placer, por
lo que reciben también el
nombre de hedonistas.
La escuela de Megara, fundada
por Euclides de Megara, la
escuela de Elis fundada por
Fedón de Elis (a quién Platón
dedica uno de sus diálogos)
y la escuela de Eretria fundada
por Menedemo de Eretria, son
una muestra de la vitalidad
del pensamiento de Sócrates,
transmitido e interpretado
por una serie de gentes inquietas.
A pesar de lo poco que se
sabe de estas escuelas, su
importancia en aquella época
fue notable, y además parte
de su filosofía y de sus actitudes
pasaron a las escuelas posteriores,
más evolucionadas como fueron
escépticos, estoicos y epicúreos.
Además en esta época seguían
funcionando la academia de
Platón y el liceo de Aristóteles,
y con el paso del tiempo surgió
la escuela o movimiento neoplatónico
de Plotino, que también se
considera helenístico y quedaban
además un nutrido grupo de
sofistas.
Como
se ve, tanto por la cantidad
como la diversidad, las escuelas
en esta época tuvieron una
importancia fundamental y
algunas sobrevivieron varios
siglos ya en el mundo romano.
Dentro
de la diversidad, varias escuelas
fueron consideradas ya en
su tiempo transgresoras tanto
en su vertiente social como
en la filosófica, es decir,
tanto por su actitud personal
como por su pensamiento y
sus ideas y esas son las que
nos interesan aquí, nos referimos
a cínicos, escépticos y epicúreos.
Hay que tener en cuenta el
peso negativo que estos conceptos
vienen arrastrando casi desde
su origen y que no han perdido
aún en nuestros días. Los
pensadores de estas escuelas
sospechaban que en los discursos
oficiales, o en los ofrecimientos
de los poderosos, no se encontraba
nada de valor para el ser
humano, sospechaban que la
felicidad había que buscarla
en otra parte y que no iba
a ser nada fácil.
Lo
primero era ponerse en contra
y liberar a los seres humanos
del miedo y de la ignorancia.
|