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Sócrates
es un personaje central en
la filosofía griega: hasta
él, en una línea que empieza
con Tales, tenemos a los filósofos
presocráticos, después nos
encontramos ya con una multitud
de líneas y de tendencias.
Sin embargo resulta que Sócrates
no escribió nada lo que dificulta
la correcta interpretación
de su filosofía, pero por
otro lado esto permitió numerosas
variaciones y escuelas, en
una libertad interpretativa
que aún permite la diversidad.
De
las frases más conocidas de
Sócrates, según sus discípulos,
una nos llama la atención
porque ha marcado dos tendencias
distintas según la interpretación
que se haga. Dicha frase es
según unos, conócete a ti
mismo, y según otros, cuídate
a ti mismo. El conocimiento
por un lado (el lado oficial)
y el cuidado de si por otro
(el otro lado). La diferencia
es sutil, pero maliciosa,
porque no podemos prescindir
de ninguno de los dos, pero
a lo largo de mucho tiempo
el conocimiento se impuso,
oscureciendo al cuidado.
Pero
el cuidado de si es costoso
porque implica el cuidado
de los otros, nuestros semejantes,
nuestros diferentes y en general
nuestro prójimo. Nada humano
nos puede resultar ajeno,
lo ajeno es lo que no es humano.
La
transformación de si.
Pueden
darse dos transformaciones,
una interior y otra exterior,
ambos casos dependen tanto
del cuidado como del conocimiento.
En el caso de la transformación
interior, que es el caso de
la poesía, el arte o la filosofía,
el conocimiento actúa sobre
si mismo y en el caso de transformación
externa, que sería el caso
de la ciencia, la técnica
o el trabajo, el conocimiento
actúa sobre lo otro, sobre
lo que no es uno mismo.
El
conocimiento se transforma
en práctica, en cuidado de
si, en ascesis (askesis).
El filósofo, al menos el antiguo,
lleva una vida filosófica,
que en ocasiones es incluso
relativamente independiente
de su discurso teórico. Cínicos,
escépticos o epicúreos pretenden
mediante la ascesis cambiar
su visión del mundo, por encima
de cualquier parcialidad y
conseguir que los avatares
que puedan sucederles no tengan
influencia alguna sobre ellos.
Las actividades sobre sí permiten
al filósofo efectuar cierto
número de operaciones sobre
su cuerpo, su pensamiento,
su conducta o cualquier forma
de ser, con el fin de cambiar
su visión del mundo, obteniendo
así una transformación de
sí mismo, para alcanzar al
fin la felicidad.
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