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El
poema de Lucrecio, De rerum
natura, traducido como " De
la naturaleza", es un caso
único en el panorama filosófico
antiguo, tanto por su amplitud
como por su calidad literaria
ya que la obra está escrita
en verso y en ella se expone
la doctrina de Epicuro, puede
considerarse la obra de física
más completa de la antigüedad.
Un autor actual como es Michel
Serres sitúa en esta obra
el nacimiento de la física.
Tito
Lucrecio.
Se
sabe muy poco de la vida de
este poeta, que nació en el
año -94 y murió en el -51
o -50. El silencio de los
autores antiguos sobre este
famoso poeta ha aumentado
su leyenda, pero es bastante
significativo, ya que era
de sobra conocido por Cicerón
y otros filósofos.
Lo
cierto es que lo único que
nos ha llegado son las inquietantes
palabras de San Jerónimo,
que dicen que Lucrecio se
volvió loco por culpa de haber
ingerido un filtro de amor
y que compuso este largo poema
en los intervalos de lucidez
que le permitía su locura
y que finalmente se dio muerte
por propia mano. También dice
que posteriormente Cicerón
corrigió su obra. Si la doctrina
de Epicuro era transgresora,
la de Lucrecio no lo es menos,
y arremete contra toda autoridad
romana.
Los
comentaristas de Lucrecio
destacan su carácter apasionado
y propenso a la melancolía,
que se nota en su obra, se
caracteriza como un hombre
vehemente y exaltado, pero
también pesimista.
Esta
obra está escrita en verso,
en hexámetros, su lectura
no es fácil, por lo que puede
suponerse que no estaba dirigida
al gran público, sino a pequeños
grupos aristocráticos e intelectuales.
Esta compuesta de 6 libros
escritos en latín, que tratan
de mostrar las teorías físicas
de Epicuro. El primer libro
trata de los átomos y del
vacío, de que nada nace de
la nada y de que todos los
seres están formados de átomos.
El libro segundo trata del
movimiento de los átomos.
El tercer libro habla acerca
del alma. El cuarto sobre
la teoría de la sensación.
El quinto sobre el mundo.
Y el sexto sobre diversos
fenómenos atmosféricos y las
enfermedades, terminando con
un sombrío panorama sobre
los estragos de la peste en
Atenas.
Lo curioso del caso es que
todos los códices que se conservan
proceden de un mismo manuscrito
probablemente del siglo IV,
pero el que se conserva es
del siglo IX y está en la
Universidad de Leyden, y podría
derivar de la biblioteca de
Alcuino de York. Los mismos
fragmentos que faltan en este
texto faltan también en todos
los demás, lo que indica su
procedencia.
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